Los niños y las mudanzas

Pocos integrantes de toda la familia son más vulnerables a los cambios de casa que los niños y los ancianos.  Pero son los más pequeños los que sufren psicológicamente mucho más con las mudanzas de vivienda. Una de las alternativas recomendadas por expertos consiste en mantener una conversación previa con los menores (teniendo la certeza del hecho), antes siquiera de hacerles conscientes de la novedad. Esta prevención es muy importante para conocer si están de acuerdo o no con el cambio de lugar. La pregunta debe estar dirigida con soltura y naturalidad. Por ejemplo: “¿Qué te parecería cambiar de casa?”, podría ser una inquisición muy directa y, por tanto, algo inconveniente. Los niños son puramente afectivos y egocéntricos; hay que estimularles su dosis de control y dominación de la casa; hacerles creer que son ellos los que deciden. Por tanto, una pregunta pertinente podría ser: “Si tuviéramos que cambiar de casa, ¿en qué barrio te gustaría vivir?”. Esta frase iniciará una charla donde se le podrá demostrar al niño que es él quien decide el cambio que ya le hemos sugerido y que también ya hemos decidido. Además, el hecho de hablarle de la nueva vecindad (y no de la mudanza misma) hará que se familiarice mejor con el ámbito desconocido y quitará de foco el problema que lo preocupa.

Si ya conocemos el nuevo ambiente o la habitación donde dormirá el niño y hemos evaluado de manera creativa todas las posibilidades, podemos iniciar la charla anunciando la novedad como algo muy conveniente para él. Por ejemplo, podemos preguntar: “¿Qué te parecería tener una habitación el doble de grande de la que tienes ahora?”. Esto hará que el pequeño se entusiasme y que deje de lado otras condicionantes que lo impulsan a quedarse en el lugar conocido. Uno de los ejemplos más difíciles a vencer cuando se decide una mudanza corresponde al universo de las amistades que el niño ha formado durante su estadía en el viejo lugar.  En efecto, los amigos y conocidos que dejará atrás, en la antigua zona, será una de las resistencias psicológicas más serias a derrotar. Para ello, el adulto debe tener preparado un arsenal de argumentos que desviarán la atención del pequeño hacia lo que nos interesa marcarle: que el cambio es inevitable y que debe ir acostumbrándose a él

Por último, mudar de casa implica también varias cuestiones. El tema del colegio es otro ítem a considerar; los chicos sufren mucho estrés cuando modifican cualquiera de sus hábitos. Por este motivo es muy útil prepararlos para las transformaciones que sufrirán en el futuro cercano; una actitud paternal, comprensiva, y una pose segura por parte del adulto le infundirán al niño la confianza que necesita para aceptar que la vida no será siempre igual ni tampoco como él desea que sea. Para todo esto se debe aparentar que nunca están los acontecimientos decididos de antemano, sino que los adultos siempre apuntan al acuerdo con los niños dentro del consenso del ámbito familiar.

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