Decorar con Simplicidad, Proporción y Sin Chorradas

Cuando me piden decorar una nueva casa, mi primer pensamiento está relacionado con que sea adecuado a las circunstancias. Mi siguiente pensamiento es la proporción. Siempre tengo en mente la importancia de la simplicidad. Primero, estudio a las personas que van a vivir en esa casa. Me detengo en comprender sus necesidades, tan profundamente como he estudiado cada paso de ballet en mis días de bailarina. Una vez que me he familiarizado completamente con “mis pasos”, lo olvido momentáneamente, y considero la proporción de la casa y sus habitaciones. Es mucho más importante que los ventanales, las puertas y las chimeneas estén en el lugar adecuado y en equilibrio los unos con los otros, antes que dedicarse a gastar en alfombras y en colgantes caros y extravagantes.

Mi primer pensamiento al diseñar una habitación está en el emplazamiento de las luces eléctricas y sus interruptores. En raras ocasiones se encuentra uno luces en el lugar adecuado. Cuando llegas cansada de un viaje, lo último que quieres es encontrarte frente a un espejo alejado de la luz del día, con luces artificiales situadas justo a la espalda, o en lo alto del techo en el centro de la habitación.

Siempre observo que cada habitación tenga sus luces emplazadas para comodidad de sus ocupantes. Debe haber luces en rincones acogedores, junto al escritorio, a cada lado del tocador, y así sucesivamente.

A continuación considero el calentamiento de la habitación. Dependiendo de dónde vivas tendrás unas u otras necesidades, en ocasiones, muchos arruinan sus muebles, creando atmósferas enervantes excesivamente asfixiantes o en exceso refrigeradas. Siempre que sea posible, yo elijo los elementos naturales como la luz solar, árboles que den buenas sombras…

Tu entorno hablará de ti, tanto si te gusta como si no. Por esa razón, deberías disponer el diseño de tus interiores de manera que todo el que vislumbra, a través de tu decoración, tu personalidad se sienta reconfortado y nunca desconcertado.

Con demasiada frecuencia, la habitación más cómoda de la casa se destina a un tipo de mesas y sillas ostentosos, enormes pinturas y espejos. Éste estilo de habitación, con sus muebles tipo museo, se conocía antiguamente entre diseñadores y decoradores como una habitación tipo Marie Antoinette. No lo recomiendo en absoluto, si, a pesar de todo, insistes en esta antigua tendencia, pregúntate lo siguiente: ¿por qué debería una mujer moderna perseguir estilos y períodos que desconoce profundamente? ¿Por qué no disfrutar y contentarse con aquellas cosas más próximas, sencillas y con buenos fundamentos? Deja tu comentario y gracias.

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